Historia Resumida
Jacques Le Goff, en su esfuerzo por desmontar los estereotipos asociados a la Edad Media, abordó el mito de la supuesta creencia generalizada en una Tierra plana durante este período. En obras como La Edad Media explicada a los jóvenes (2006), el historiador francés argumentó que la idea de que los medievales ignoraban la esfericidad terrestre fue una invención posterior, surgida en el siglo XIX como parte de una narrativa que buscaba exaltar el progreso científico moderno en contraste con un pasado imaginado como atrasado. Este mito, según Le Goff, se consolidó en el contexto del positivismo decimonónico y el colonialismo europeo, que necesitaban presentar a las sociedades no occidentales —y a la propia historia europea premoderna— como inferiores para justificar su dominio cultural y político.
La creencia en una Tierra esférica, de hecho, era ampliamente aceptada entre eruditos medievales, herederos de tradiciones clásicas y helenísticas. Autores como Isidoro de Sevilla (siglo VII) y Beda el Venerable (siglo VIII) describieron el mundo como un globo en sus escritos, mientras que textos escolásticos del siglo XIII, como los de Tomás de Aquino, reiteraban este conocimiento basado en Aristóteles y Ptolomeo. Hasta los mapas medievales más conocidos, como los mappae mundi, que representaban la Tierra como un disco, no pretendían ser interpretaciones literales de su forma, sino diagramas simbólicos que organizaban espacios sagrados y profanos según una cosmovisión religiosa.
Le Goff señala que la tergiversación de este saber comenzó con la Ilustración, cuando filósofos como Voltaire caricaturizaron la Edad Media como una época de ignorancia para resaltar los logros de la razón moderna. Sin embargo, fue en el siglo XIX cuando el mito se popularizó gracias a escritores como Washington Irving, quien en su biografía ficticia de Colón (1828) difundió la idea de que el navegante había luchado contra teólogos planistas. Esta narrativa fue retomada por historiadores nacionalistas y divulgadores científicos para construir una oposición simplista entre el “oscurantismo medieval” y el “racionalismo moderno”, ocultando así las continuidades entre ambos períodos.
Para Le Goff, este mito no solo distorsiona la historia, sino que revela un anacronismo metodológico: proyectar sobre el pasado las categorías y conflictos del presente. Al demostrar que la esfericidad terrestre era un consenso entre las élites educadas medievales, el historiador subraya que la Edad Media fue un período de diálogo crítico con el legado clásico, no de ruptura absoluta. Su análisis forma parte de un proyecto más amplio de rehabilitación del medievo como época dinámica, donde convivían el pensamiento religioso, la curiosidad científica y la innovación técnica. Al deconstruir el mito de la Tierra plana, Le Goff no solo corrige un error factual, sino que cuestiona la instrumentalización ideológica de la historia para legitimar discursos de superioridad cultural.
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